Más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Hemos escuchado muchas veces ese refrán. Puede que tantas como que la experiencia es un grado o que la sabiduría la dan los años. Y es cierto. No cabe duda de que las personas mayores tienen muchas cosas que aportar a la sociedad. Y eso se viene reconociendo desde antaño. Un conocimiento, unas vivencias, un saber que dan los años vividos y que la juventud, precisamente por eso, por ser joven, aún no puede conocer. No le ha dado tiempo.

Los tiempos cambian, la sociedad evoluciona y aparecen nuevos elementos, funcionalidades, movimientos sociales e, incluso, técnicas o máquinas que resultan cada vez más complicadas y pueden ser puestas en entredicho por las personas mayores. Sin embargo, es su experiencia previa en circunstancias similares la que les permite desenvolverse con una facilidad que llega a asombrar a la juventud.

Es esa experiencia de las personas mayores la que también les hace ser más flexibles, leales o tener la capacidad de ver más allá de lo que el ojo de la gente joven alcanza. Han pasado por más cosas, han visto más y han salido victoriosos -o no- de otras situaciones que se pueden parecer a cualquier conflicto que nos encontremos en la actualidad. ¿Crees que no? Crisis económicas, guerras, inestabilidad, el miedo a lo nuevo, desengaños… Son expertos en todo ello.

La experiencia que ellos han tenido en todo esto les ha permitido afrontar la vida de una u otra manera y encontrar soluciones a cualquier conflicto. Incluso hace que lleguen a ver el lado bueno de las cosas en situaciones en que la juventud sólo atisba nubarrones. Valores como el emprendimiento, la dinamización o la superación, que tanto se valoran hoy en día entre la juventud, forman parte de la experiencia que tienen las personas mayores.

Y es que las personas mayores han aprendido de sus aciertos, pero sobre todo de sus errores. Saben ceder, negociar, escuchar, incluso permanecer en un segundo plano, si es lo que la situación requiere. Esa experiencia es la que incluso les permite adelantarse a posibles situaciones y contratiempos que otros, quizás los más jóvenes, pudieran no llegar a prever.

La experiencia es un valor, un don que no es fácil de conseguir, pero que, una vez que se tiene, resulta de lo más valioso ante cualquier situación que se nos pueda presentar en la vida. Y la única forma de conseguirla es con el tiempo, viviendo experiencias, enfrentándose a situaciones, conociendo a personas…

Escucha, Conversa, Pregunta y vuelve a Escuchar

De la experiencia de las personas mayores puede aprovecharse la juventud escuchando, conversando, consultando… Están llenos de ella y se encuentran deseosos de aportar a la sociedad su granito de arena, de sumar, de ser útiles para los demás, como antes hubo quien lo fue para ellos.

Todo ese conocimiento, esas vivencias, se acumula en las personas mayores como si se tratase de un arma secreta de la que puede echarse mano siempre que se necesite. Mientras que no sea así, permanecen en la recámara, dispuestos a saltar a primera línea en cuanto sean necesarios. Están ahí siempre. Dispuestos a echar una mano, a dar un consejo, a explicar, a opinar y, todo ello, con paciencia y esperando a que llegue su turno.

Tienen más recursos, capacidad de adaptación y un conocimiento que hace que sean las personas mayores aquellas a las que acudimos en busca de consejo o cuando simplemente queremos hablar.Tienen unos recursos prácticamente ilimitados a la hora de entablar un diálogo y tantos temas de conversación diferentes que llegan a eclipsar a los que puedan ocurrírsele a otra gente más joven.